Antes de dar su bendición navideña a la ciudad de Roma y al mundo, el papa Francisco llamó la atención sobre los muchos lugares alrededor del mundo y dentro de los corazones humanos que necesitan a Jesús, el príncipe de la paz.

"En el frío de la noche extiende sus pequeños brazos hacia nosotros, está necesitado de todo, pero viene a darnos todo", dijo el papa a la gente reunida en la plaza de San Pedro.

"En este día de fiesta le imploramos que suscite en nuestros corazones anhelos de reconciliación y de fraternidad", dijo el papa Francisco el 25 de diciembre antes de dar su bendición "urbi et orbi" (a la ciudad y al mundo).

El cardenal Renato Martino, de 89 años, protodiácono del Colegio de Cardenales, anunció que la bendición solemne incluía una indulgencia plenaria para los habitantes de la plaza, todos mirando por televisión, escuchando por radio o participando por internet.

Jesús vino al mundo "como un susurro, como el murmullo de una brisa ligera, para colmar de asombro el corazón de todo hombre y mujer que se abre al misterio", dijo el papa en su mensaje de Navidad.

"El Verbo se hizo carne para dialogar con nosotros", insistió. "Dios no quiere tener un monólogo, sino un diálogo. Porque Dios mismo, Padre, Hijo y Espíritu Santo, es diálogo, eterna e infinita comunión de amor y de vida".

Pero con frecuencia, en demasiados lugares, el diálogo es precisamente lo que falta, dijo, mientras ofrecía oraciones específicas por las personas que luchan por sobrevivir en medio de la guerra o la amenaza de guerra, violencia, opresión o pobreza aplastante en Siria, Tierra Santa, Yemen, Sudán del Sur, Ucrania, Myanmar y Etiopía.

El impacto de la pandemia de COVID-19 en la atención médica y la economía, pero también en la forma en que las personas viven e interactúan, también fueron parte de la oración del papa.

Con la pandemia, dijo el papa, "nuestra capacidad para las relaciones sociales se pone a prueba; hay una tendencia creciente a retraernos, a hacerlo todo por nosotros mismos, a dejar de esforzarnos por encontrarnos con los demás y hacer cosas juntos".

"También a nivel internacional existe el riesgo de evitar el diálogo, el riesgo de que esta compleja crisis lleve a tomar atajos en lugar de emprender caminos más largos de diálogo", dijo. "Sin embargo, solo esos caminos pueden conducir a la resolución de conflictos y a beneficios compartidos y duraderos".

El papa Francisco dijo que sabe que la gente se cansa de ver o leer las noticias, pero necesitan poner atención o "corremos el riesgo de no escuchar el grito de dolor y angustia de muchos de nuestros hermanos y hermanas".

Además de "las continuas tensiones entre israelíes y palestinos que se prolongan sin una resolución, con consecuencias sociales y políticas cada vez más graves", dijo, la gente no debe olvidar Belén, "el lugar del nacimiento de Jesús, que también está pasando por dificultades" que incluyen consecuencias económicas de la pandemia, que impiden a los peregrinos visitar Tierra Santa y afectan negativamente a la vida de las personas".

Y, dijo el papa, "escuchemos el grito de los niños que se alza desde Yemen, donde una enorme tragedia, olvidada por todos, se está perpetrando en silencio desde hace años, provocando muertos cada día".

En un mundo convulso, dijo, la Navidad celebra la esperanza. "Hoy «el amor que mueve el sol y las otras estrellas», como dice Dante, se hizo carne. Vino en forma humana, compartió nuestros dramas y rompió el muro de nuestra indiferencia".

En forma de oración al Jesús recién nacido, el papa Francisco suplicó no solo por la paz entre las naciones en guerra, sino por todas las personas que sufren en la ciudad y el mundo y por la Tierra que sufre.

"Verbo Eterno que te has hecho carne", rezó, "haznos diligentes hacia nuestra casa común, que también sufre por la negligencia con la que frecuentemente la tratamos, y motiva a las autoridades políticas a llegar a acuerdos eficaces para que las próximas generaciones puedan vivir en un ambiente respetuoso para la vida".

Rezó por las mujeres que han sido víctimas de la violencia doméstica, "que se ha incrementado en este tiempo de pandemia", por el consuelo de las personas mayores que están solas y por la serenidad y unidad de las familias.

Rezó por los enfermos, los que los cuidan y por un mayor esfuerzo para que las vacunas COVID-19 estén disponibles para todos.

Rezó por los prisioneros de guerra y los presos políticos, y por los migrantes, refugiados y desplazados.

"Oh Cristo, nacido por nosotros", oró el papa Francisco, "enséñanos a caminar contigo por los senderos de la paz".