Obispo O'Connell escribe en su mensaje que "La Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús habla profundamente de su misericordia eterna, a pesar de las heridas del pecado e ingratitud humano revelado en su imagen".
Obispo O'Connell escribe en su mensaje que "La Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús habla profundamente de su misericordia eterna, a pesar de las heridas del pecado e ingratitud humano revelado en su imagen".

Se puede trazar la devoción al “Sagrado Corazón de Jesús” en la Iglesia Católica a los siglos 12 y 13. Inspirada por más de 500 años de tradición, esta devoción se hizo parte de la liturgia de la Iglesia en el 1670 por una Misa y oraciones compuestas por el sacerdote francés San Juan Eudes (1601-1680). Tres años después, el Señor Jesús apareció varias veces a Santa Margarita María Alacoque (1647-1690) quien tenía 26 años y era una monja francesa de la Orden de la Visitación. El Señor le reveló el amor y la misericordia, visibles en la imagen popular que se convirtiera en un símbolo universal del Sagrado Corazón de Jesús. El papa Pio IX puso la solemnidad en el calendario litúrgico en el 1856, 19 días después de Pentecostés. Este año, se celebra la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús el 19 de junio, viernes.

En el 2002, el papa San Juan Pablo II declaró que la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús fuera ocasión anual en que la Iglesia Universal orara por la santificación de los sacerdotes. Es fácil comprender y apreciar la unión de estos dos eventos, especialmente cuando se acuerda de las palabras del San Juan Vianney, patrón de los sacerdotes parroquiales: “El sacerdote no es sacerdote por si mismo … lo es por ustedes. El sacerdocio es el amor del corazón de Jesús”.

Sin duda alguna, yo he visto la realidad de este amor durante estos meses de cuarentena de la pandemia. Como el obispo, he atestiguado a algo en la Diócesis de Trenton que he visto muchas veces de por los últimos diez años: el amor y cuidado constante de nuestros sacerdotes por sus feligreses y los encomendados bajo su cuidado sea en las escuelas, capellanías, organizaciones y oficinas. La clausura temporal de nuestras iglesias y lugares de trabajo, y del hambre de los fieles aquí por la Eucaristía y otros sacramentos se han sentido profundamente por nuestros párrocos y sacerdotes también. ¡Me ha conmovido “escuchar” el amor pastoral por sus feligreses en las voces emocionadas de sus sacerdotes! Pero nunca estaban muy lejos de su pueblo.

Con esfuerzos de orar por, alcanzar y mantener contacto con los fieles; ministrar a ellos frente a obstáculos sin precedentes; hablar las palabras de absolución atrás de máscaras; visitar los hospitales y hogares de ancianos, cuando ha sido permitido, en vestimenta protectora para ungir a los enfermos; dar confort a familias de luto en los cementerios al enterrar a sus queridos; llevar a cabo reuniones y clases, transmitir mensajes creativos y tiernos de video y Misas virtuales, los sacerdotes diocesanos y religiosos en nuestras parroquias y otros ministerios han usado cada manera dispuesta para mantener viva y floreciente la fe católica en las experiencias de sus fieles, a pesar de las restricciones impuestas por la pandemia. Se podía escuchar al Sagrado Corazón de Jesús latiendo por todos lados de los condados de la Diócesis de Trenton, recordándonos que “nada nos puede alejar del amor de Cristo que nos alcanza a través de Cristo Jesús, nuestro Redentor” (Romanos 8:39).

Y ahora, lenta y cuidadosamente, estamos retornando juntos a Misas públicas limitadas y la vida sacramental.

La Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús habla profundamente de su misericordia eterna, a pesar de las heridas del pecado e ingratitud humano revelado en su imagen. Hablando a Santa Margarita María Alacoque durante sus visiones, el Señor Jesús le pidió a ella invitar a todos que ven su Sagrado Corazón a sumergirse en el abrazo de su Amor y Perdón Divino. No se obscurece ese mensaje en el ministerio de sus sacerdotes quienes – a pesar de los escándalos horribles de algunos sacerdotes abusivos que han herido su Corazón profundamente en las décadas recientes – ruegan por la santificación diaria de sus vidas sacerdotales para que ellos, entonces, pueden guiar a los fieles encomendados a ellos hacia la santificación.

San Juan Vianney una vez reflexionó que “Un sacerdote va al cielo o un sacerdote va al infierno dejando mil personas atrás”. En esta Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, tenemos que adorarlo de nuevo mientras nosotros oremos ferverosamente por la santificación de los sacerdotes de hoy en día para que sigan llevando a los “miles”, de hecho, millones, al cielo a través de la santidad a que Cristo los haya llamado, y a cada unos de nosotros, en su Iglesia. Que el Sagrado Corazón de Jesús y el corazón de cada sacerdote late como uno.