La expresión, “guerrero cultural”, se usa en la conversación contemporánea para describir a personas que luchan por las causas que corren contra la corriente de los valores y preferencias, principal entre ellos, la protección de la vida humana en todas sus etapas desde la concepción hasta la vida natural. Parece muy poco que se habla o se escribe de ella de una manera positiva. Sin embargo, las personas llamadas “provida”, de hecho, han luchado de una manera significativa para convencer a sus oponentes y críticos que, como el papa san Juan Pablo II afirmó, “cuando algunas vidas incluyendo a las vidas por nacer pierden su valor por las opciones de otras personas, no se podrá garantizar ningún valor ni derecho por mucho tiempo”.

Sin duda, nosotros sabemos que respetar la vida es un mandato humano que no se puede limitar a ningún mes ni día singular. Es una causa de cada día y siempre que no solo pertenece a una creencia ni denominación religiosa. El papa Francisco ha dicho que “el aborto no es un problema religioso en el sentido de que, por ser católico, no debo buscar tener un aborto. Es un problema humano. Es un problema de eliminar una vida humana. Punto” (El papa Francisco en entrevista por periodista mexicana Valentina Alazraki”, 28 de mayo, 2019).

Sin embargo, para los católicos, respetar la vida, y de manera especial a los no nacidos, es intrínseca a nuestra identidad como pueblo de fe. No permite ninguna negación, ninguna excepción, ningún compromiso. Cada vida es querida, escogida, enviada. “El aborto nunca es la respuesta. … La vida humana es sagrada e inviolable” (El papa Francisco, “Discurso a la conferencia ‘Sí a la Vida’, 25 de mayo, 2019).

En el año que viene, aquí en New Jersey, los legisladores contemplan promulgar lo que están llamando la “Acta de la Libertad Reproductiva”. Nuestro estado ya tiene unos de los derechos más permisos del país. Seguir en esa dirección es un procesamiento más de la negación total de la cultura contemporánea por la vida humana y está ocurriendo en nuestro estado.

Estemos claros. El aborto mata a niños, daña a mujeres y destruye sociedades. Leí una vez que la vida no garantiza nada, pero el aborto ni ofrece chances. Luchar en contra la “cultura de la muerte” mientras defendemos una “cultura de la vida” es una batalla que vale la pena en el mundo actual. Las personas no nacidas no tienen una voz. Nosotros sí la tenemos.

Estamos llamados a ser guerreros. En este Año de San José, el patrón de la Iglesia Universal y guardián de la Santa Madre mientras llevaba al Hijo de Dios en su vientre, los católicos deben orar por su intercesión para que la tragedia del aborto se acabe y que la vida de los más inocentes y vulnerables entre nosotros sea siempre defendida y protegida.