Un siglo antes del nacimiento de Cristo, el orador romano Cicero (106-43 BCE) escribió, “No hay nada que estimo más que parecer o sentirme agradecido. Esta virtud no es solamente la mayor sino el padre de todas las virtudes”. Recuerdo leer esta traducción en la clase de latín hace mucho tiempo y se ha permanecido conmigo durante todos estos años.

La gratitud y la acción de gracias son ciertamente cualidades humanas admirables y la fuente de muchas gracias sociales. Que nosotros como estadounidenses devotemos un día entero para levantar estas virtudes y celebrarlas también es algo admirable. El cuarto jueves en noviembre es el día que tradicionalmente devotamos a dar las gracias como patria desde el siglo 19.

Hace casi 60 años, el presidente John F. Kennedy escribió en su proclamación del Día de Acción de Gracias en el 1963, “Nuestros progenitores en Virginia y Massachusetts, lejos de casa en una tierra solitaria, apartaban un tiempo para una acción de gracias. En el día designado, ellos daban gracias reverenciales por su seguridad, la salud de sus hijos, la fertilidad de sus campos, el amor que los unía, y la fe que los unía con su Dios”.

Esos sentimientos hacen claro por qué la gratitud y acción de gracias hayan endurecido en la memoria de nuestra patria desde sus primeros días. “La gratitud” es un sentimiento, una emoción que se origina en un corazón lleno que reconoce todas las bendiciones brindadas por Dios. “La acción de gracias”, aunque considerada semejante a la gratitud, va más allá que la gratitud. Una acción de gracias requiere de una acción. Es lo que “hacemos” con nuestra gratitud. Estar agradecidos, expresar una acción de gracias brinda tantas otras emociones, disposiciones y virtudes. Humildad. Paciencia. Bondad. Caridad y tantas otras buenas cosas que demostramos y hacemos unos por los otros como respuesta por lo que el Todopoderoso ha demostrado y hecho por nosotros.

Como parte de nuestra experiencia estadounidense, el Día de Acción de Gracias nos lleva a una mesa donde nos esperan comidas maravillosas. En nuestra experiencia católica, la acción de gracias también nos lleva a una mesa, la mesa Eucarística donde las mejores de todas las comidas nos esperan, el precioso Cuerpo y Sangre del Señor Jesucristo. La palabra “Eucaristía” se derive del griego para decir acción de gracias. Cuando nosotros compartimos la Eucaristía, encontramos el más verdadero “padre de todas las virtudes”.

Nadie puede negar que este año ha sido únicamente difícil, y hasta doloroso, para nosotros. Estoy bastante seguro de que la pandemia del COVID ha sido una visita molesta en nuestras mesas, entre nuestras familias, en nuestros hogares y, sí, en nuestras iglesias, presentándonos con sacrificios y adversidades que nunca hubiéramos imaginado hace un año. Por esa razón, quizás, tenemos aún más razones para considerar las bendiciones por las cuales damos las gracias. Nuestras celebraciones del Día de Acción de Gracias se ven distintas este año, pero la gratitud que debemos a Dios, nuestro Creador, sigue sin disminuir. Que la expresemos cuando y como podamos.

Tengan un Día de Acción de Gracias seguro, sano y feliz con y por quienes más aman. Dios me los bendiga.

 

Mira el mensaje grabado en inglés por el obispo O'Connell aquí: