El padre Caesar Rubiano
El padre Caesar Rubiano

En una parte tranquila del siempre ocupado centro médico de Jersey Shore University, el padre Caesar Rubiano leía la lista larga de pacientes católicos que recibió después de la Misa u oraciones matutinas en la Iglesia Santos Inocentes, Neptune, donde vive.

El trabajo del capellán católico de visitar a quienes ocupan las 700 camas en el segundo nivel del centro de trauma comienza a las 11 de la mañana diariamente. Según las estadísticas, un 60 por ciento de los pacientes en el centro médico en cualquier momento suelen ser católicos, las visitas pueden durar mucho tiempo, y luego estará encargado de responder a las llamadas de emergencia.

Aun así, el padre Rubiano, que celebra 25 años de su ordenación este año, encontró tiempo para compartir sobre su camino que se le llevó a este ministerio de oración, consuelo y confort que comenzó, dijo él, no con ningún “llamado vocacional” del sentido tradicional, sino a través de un interés profundo por el catolicismo y sus raíces.

“Me criaron en Colombia como presbiterano y yo participaba mucho en la pastoral juvenil allá. Entonces, durante mi ultimo año de la secundaria en la Escuela Americana en Armero, me interesó participar en una Semana Santa de la fe católica. Después de esa experiencia, el catolicismo me atrajo no por el dogma, sino la historia”.

“Me fascinaba conocer lo que estaba atrás de los 2,000 años cuando las iglesias de la Reforma Protestante tenían a máximo de 500 años atrás de ella”, dijo el padre Rubiano. “Esta oportunidad se me abrieron los ojos y el corazón al sacerdocio”.

Por el camino

El camino se prendió y se ha profundizado desde entonces.

Uno de tres hijos de Fanny A. de Rubiano y el difunto Gonzalo V. Rubiano, el joven Caesar nació en octubre del 1967 en San Juan Rioseco, un pueblo pequeño de Colombia. Estudió para el sacerdocio en el seminario mayor de los padres eudistas y fue ordenado allá para la Congregación Eudista de Jesús y María el 30 de marzo del 1996 por el obispo Carlos José Ruiseco, quien luego fue nombrado el arzobispo de Cartagena de Indias, Colombia.

“De por los años de estudio en Colombia y durante el ministerio, comencé a escuchar lo que otros describían como “el llamado” y, poco a poco, le hacía caso. Yo lo obedecía y lo seguía y, con la gracia de Dios, me he mantenido fiel”, dijo. “La mayoría de mi ministerio consistió en apoyar a quienes estaban en puestos de poder servir (a los fieles)”. Uno de ellos fue el padre Rafael García Herreros, líder colombiano de la organización carismática Minuto de Dios, que ahora está en el proceso hacia la santidad, dijo el padre Rubiano.

El llamado persistía cuando su congregación le envió a vivir en los Estados Unidos después de su ordenación y de por su primer encargo del ministerio universitario en San Diego State University, luego como capellán en hospitales y después por el alcance a personas con HVI/SIDA en Nueva York y como voluntario en la fiscalía de Brooklyn en el programa de violencia domestica: El Centro de Justicia Familiar. Terminó su maestría de teología en St. John’s University en Nueva York.

Entonces, el padre Javier Díaz, quien sirve actualmente como párroco de la Parroquia Cristo Rey en Long Branch, le animó a considerar servir en la Diócesis de Trenton. El padre Rubiano fue nombrado un sacerdote adjunto en la Parroquia San Marcos, Sea Girt, en el 2007 y dos meses después como coordinador diocesano de la renovación carismática hispana basada ahí.

También en el 2007, el padre fue nombrado el secretario y maestro de ceremonias al difunto obispo John M. Smith, el noveno Obispo de Trenton.

Incardinado a la Diócesis de Trenton el 30 de marzo del 2009 por el obispo Smith, sirvió en la Parroquia Nuestra Señora del Buen Consejo, West Trenton. Estaría nombrado administrador en el 2014 y luego párroco en el 2015 de la Parroquia Nuestra Señora de los Ángeles donde serviría durante los próximos seis años.

Ahora en su ministerio como capellán católico de Jersey Shore Medical Center, el padre Rubiano goza de compartir una sensibilidad católica y la misericordia de Jesús con los pacientes que visita. Al haber cumplido su licenciatura de morales/bioética en el campo del dolor y el sufrimiento en Roma, ahora está terminando su doctorado en bioéticas enfocándose en la empatía y la neurobiología de morales en la Academia Alphonsianum.

Sus estudios se han enfocado en la salud mental y las adicciones con un énfasis en mirar las funciones del cerebro por una perspectiva espiritual cuando tiene que ver con cómo tratar a personas afligidas con tales condiciones. “Yo creo que la Iglesia tiene algo que decir a la sociedad sobre esto”, dijo, “y que nosotros tenemos mucho que aprender sobre la naturaleza humana imperfecta creada por el Dios perfecto”.