¡Feliz Navidad!

El “Tiempo de Navidad” en la Iglesia Católica empieza en Noche Buena y continua hasta la Fiesta del Bautizo del Señor. Este tiempo eclesial incluye la Navidad; la Fiesta de la Familia Sagrada de Jesús, María y José (27 de diciembre); la Solemnidad de María, Madre de Dios (1 de enero); la Solemnidad de la Epifanía (3 de enero); y, finalmente, la Fiesta del Bautizo del Señor (10 de enero).

 

La Fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José (27 de diciembre, 2020).

Aunque esta devoción a la Sagrada Familia sea parte de la tradición católica de hace siglos, se estableció una fiesta oficial para honrar a la familia del Señor por el papa Benedicto XV en el 1921, para el domingo después de la Fiesta de la Epifanía el 6 de enero. En el 1969, trasladaron la Fiesta de la Sagrada Familia al domingo después de Navidad.

La celebración litúrgica en sí se enfoca en la familia humana de Jesús como modelo universal por y dentro de todas las familias. Provee a católicos una oportunidad para orar por sus propias familias y fortalecer los lazos de la vida y amor familiar ideal, la “iglesia familiar”, como dijo el san Juan Crisóstomo al nombrarla la “iglesia doméstica” en el cuarto siglo y como el Segundo Concilio Vaticano lo describe en su “Constitución dogmática de la Iglesia”, Lumen Gentium, 11.

La fiesta enfatiza al Señor Jesús como el centro de cada familia cristiana. El Evangelio según San Lucas proclama que Jesús “bajó con sus padres a Nazaret y vivió sujeto a ellos. Pero su madre conservaba todas estas cosas en el corazón. Jesús siguió creciendo en sabiduría y estatura, y cada vez más gozaba del favor de Dios y de toda la gente” (Lucas 2:51-52).

Se hizo costumbre en las escuelas católicas de nuestro país escribir una cruz y las letras “JMJ” encima de trabajos escritos para honrar a la Familia Sagrada.

Oremos: Dios, Padre nuestro, que has propuesto a la Sagrada Familia como maravilloso ejemplo a los ojos de tu pueblo, concédenos, te rogamos, que, imitando sus virtudes domésticas y su unión en el amor, lleguemos a gozar de los premios eternos en el hogar del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

 

La Solemnidad de María, Madre de Dios (1 de enero, 2021).

Cuando María visitó a su prima, Isabel la saludó como la “Madre de Dios” (Lucas 1:43), un reconocimiento de ambos su único lugar en el plan santo de Dios y su fe al aceptar su voluntad. Hace siglos, la Iglesia ha honrado el papel clave de María en la historia de la salvación. Al escuchar las palabras del ángel Gabriel en predecir su maternidad divina, María respondió, “Aquí tienes a la sierva del Señor. Que él haga conmigo como me has dicho” (Lucas 1:38). Su fe y confianza completa en Dios le convirtió en la fuente de que Cristo el Mesías entraría al mundo. Y, entonces, nació el Señor Jesús.

En el 431, el Concilio Eclesial de Éfeso declaró a Cristo como verdaderamente divino y a María como la Madre de Dios (theotokos). Muchas diócesis de por el mundo, incluyendo a Roma, han adoptado al 1 de enero como la fecha para conmemorar esta afirmación de fe y en el 1931, el papa Pio XI oficialmente ubicó a la fiesta de María en el calendario universal de la Iglesia. El papa san Juan XXIII la nombró el “Octavo de la Natividad (octavo día)” en el 1960.

En el 1969, revisaron al calendario eclesial y pusieron al 1 de enero como “La Solemnidad de María, Madre de Dios”. En su carta apostólica Marialis Cultus en el 1974, el papa san Pablo VI escribió que la solemnidad “destinada a celebrar la parte que tuvo María en el misterio de la salvación y a exaltar la singular dignidad de que goza la Madre Santa, por la cual merecimos recibir al Autor de la vida”. La Iglesia entonces está urgida a hacer uso de esta solemnidad para rogar a Dios por “el don supremo de la paz”.

Oremos: Dios padre, que siempre beneficiemos de las oraciones de la Santa Virgen María, porque té nos traes vida y salvación a través de su Hijo Jesucristo quien vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por siempre, Amén.

 

La Solemnidad de la Epifanía (3 de enero, 2021).

En los primeros siglos de la Iglesia, las “fiestas navideñas” en los días después de la Navidad se celebraban el 6 de enero. En el cuarto siglo, algunas diócesis comenzaron a celebrar la Fiesta de Navidad y la Fiesta de la Epifanía por separadas, en el 25 de diciembre y el 6 de enero respetivamente, creando los “doce días de la Navidad” del Tiempo de Navidad.

La Fiesta de la Epifanía se relaciona con la “visita de los Magi” – “los tres magos”, a veces conocida como “Tres Reyes” – quienes siguieron la estrella a Belén para adorar al Mesías recién nacido con regalos de “oro, franquíciense, y mirra”. Sin embargo, solo encontramos a los “sabios” en el Evangelio según San Mateo. No dice cuantos eran, no los reconoce como reyes, y no dice “cuando” visitaron. Se han debatido los detalles de esta parte de la historia navideña por académicos y teólogos desde hace siglos, pero esta “visita” tiene un papel significante.

Las raíces griegas de la palabra “epifanía” significan “manifestación de arriba”. En la Iglesia Católica latín u occidental, la Solemnidad de la Epifanía se refiere a la revelación de que Jesús es el Hijo de Dios, el Mesías prometido, visitado y adorado por los sabios. En la Iglesia Católica oriental, la palabra preferida para describir la fiesta es “teofanía” o “apariencia de Dios”. Aunque existan diferencias entre las tradiciones católicas orientales y occidentales en cuanto los detalles de la historia, la Navidad o Natividad del Señor necesitan de ambos, la epifanía y teofanía para comprender el significado verdadero y su papel. El punto de las historias y tradiciones que rodean la historia y las interpretaciones de ella nos llevan a concluir que Jesús, nacido en Belén, es el esperado Mesías divino anunciado por los antiguos profetas, revelado como el Hijo de Dios, y reconocido como el Hijo de Dios por las personas que atestiguaron su presencia en la tierra como la fuente de la salvación humana por Dios.

Oremos: Padre celestial, revelaste tu Hijo a las naciones por la señal de una estrella, llévanos hacia la gloria en el cielo por la luz de la fe. Pedimos esto por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, quien vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por siempre, Amén.

 

La Fiesta del Bautizo del Señor (10 de enero, 2021).

La Fiesta del Bautizo del Señor marca el final del Tiempo de Navidad de la Iglesia Católica. En Navidad, la Iglesia celebra el nacimiento humano del Señor Jesucristo, la “Encarnación”, a María en Belén. Ella es la Madre de Dios y, entonces, nosotros la honramos con una fiesta que conmemora su maternidad. Cristo el Señor se manifiesta a las naciones, representado por los sabios devotos, en la Solemnidad de la Epifanía. La Fiesta del Bautizo del Señor es una “segunda epifanía” al revelar la divinidad y misión, la teofanía iluminada por la Iglesia Católica oriental.

Aunque celebremos esta fiesta durante el ciclo litúrgico de Navidad, el evento reconoce algo que ocurrió muchos años después, un acontecimiento separado por mucho tiempo. Jesús es un adulto y se encuentra con Juan el Bautista para que él le bautice en el Río Jordán. De manera muy dramática, Jesús está revelado de nuevo como el Hijo de Dios Padre al escuchar la voz que le identifica mientras el Espíritu Santo se le desciende en forma de una paloma. A través de su bautizo, atestiguamos a la naturaleza de Dios como Santa Trinidad ante nuestros ojos. Dios hecho hombre, se hunde en las aguas del Jordán y sale – “el hijo amado” – para comenzar su misión divina y su camino a Jerusalén donde cumplirá esa misión en la Cruz. Al cumplir el significado y revelación verdadero de Navidad en su bautizo, es muy apropiado de que la Iglesia reconoce esta fiesta como el fin del Tiempo de Navidad.

Oremos: Dios todopoderoso y siempre vivo, quien, cuando Cristo fue bautizado en el Río Jordán y el Espíritu Santo se le descendió, declarándolo solemnemente tu hijo amado, haz que tus hijos adoptados, renacidos de agua y el Espíritu Santo, siempre te complazcamos. Por nuestro Señor Jesucristo, quien vive y reine contigo en la unidad del Espíritu Santo, un solo Dios, por siempre. Amén.