Esta no es la celebración de su graduación que esperaban ustedes cuando empezaron su último año de la secundaria en septiembre. ¿Quién se imaginará lo que estamos viviendo ahora y cómo terminaría su último año? La pandemia del coronavirus ha molestado todos los planes tradicionales para marcar esta ocasión especial, los de ustedes, de sus padres y de sus escuelas. Molestado, sí. Cancelado, para nada. Aquí estamos, aunque a la distancia, celebrando este hito de sus vidas, celebrando de una manera diferente, pero todavía reconociendo todos los logros que esta ocasión representa.

Se están graduando de la secundaria – de su secundaria – y pasando de un lugar y de personas muy conocidos a nuevas y emocionantes experiencias. Como su obispo, estoy tan feliz y honrado poder estar con ustedes en esta Misa bachillerato, sus padres y sus familias, sus compañeros y maestros, sus administradores, sus entrenadores y personal escolar. Sí la celebración de graduación de este año no es como la esperamos, pero nada puede quitar el significado de este momento ni la alegría que ustedes deben sentir.

¡Lo han logrado! ¡Estamos tan orgullosos de ustedes!

Hoy celebramos una gran parte de su educación católica, de su graduación, y empezamos con la Santa Misa, la oración más importante de nuestra fe. Aunque estemos separados, nunca estamos lejos porque la fe nos une.

Nosotros, como sus administradores y maestros, sus padres y familiares, repetimos las palabras de San Pablo de nuestra primera lectura:

… nosotros siempre damos “gracias a Dios por ustedes, pues él, en Cristo Jesús, les ha dado su gracia. Unidos a Cristo ustedes se han llenado de toda riqueza, tanto en palabra como en conocimiento. Así se ha confirmado en ustedes nuestro testimonio acerca de Cristo, de modo que no les falta ningún don espiritual mientras esperan con ansias que se manifieste nuestro Señor Jesucristo”.

Están a punto de graduarse de la secundaria, mis amigos jóvenes. Por toda la emoción que rodea este gran evento de sus vidas, el Señor les ha dado tanto mucho que celebrar. Por sus vidas, el Señor se ha comunicado con ustedes a menudo, como se comunicaba con sus discípulos: a través de sus padres, sus maestros, sus amigos y su Iglesia. Los han enseñado lo que tienen que hacer y han recibido muchas instrucciones y consejos de cómo lograrlo. Ahora depende de ustedes. Sí, seguiremos como parte de sus vidas y seguiremos aconsejándolos. Ahora ustedes deben asumir la responsabilidad por las cosas que son las más importantes de la vida.

Cuando nacieron, sus padres les trajeron a la Iglesia para su Bautismo que les hizo parte de una familia más grande, la Iglesia. Manténganse cerca a esa familia y todo lo que se les ofrece… y todo lo que se les pide.

Al celebrar su graduación de una secundaria católica, no pierdan la vista de todas las cosas que hacen de que sus vidas sean posibles y hermosas, especialmente los grandes sacrificios de sus padres para traerlos a este momento. Sean agradecidos, primeramente, a Dios quien se les dio sus padres, y ustedes a ellos, y sepan que el Señor seguirá con ustedes siempre y les ayudará a llevar la experiencia de fe que han tenido hacia un futuro alegre, sano y maravilloso. Que sigan creyendo que el Señor siempre está con ustedes.

El mundo es grande y el futuro, incierto. Pero su fe no está incierta. Es cierta y los llevará por todos los momentos de incertidumbre que tienen por delante. Dios los acompaña y su fe se les fortalecerá, les hará capaces de manejar lo que les afronte. No se olviden de Dios. No se olviden de su fe y todo que han aprendido sobre ella. No abandonen por cualquier razón lo que el Señor les ha dicho, les ha ofrecido, les ha prometido y se les ha cumplido en sus vidas hasta ahora.

Sea la universidad o algún otro camino, lleven la fe con ustedes. Asistan a Misa. Reciban los sacramentos de Reconciliación y Comunión. Recuerden sus promesas a Dios y su Iglesia cuando se confirmaron. Hagan todas estas cosas, aunque no haya nadie de recordarles ni impulsarles. Hagan todas estas cosas, aunque haya gente que les diga no preocuparse. No se la crean. Ellos no saben la verdad, o peor aún, no les importa la verdad. Crean que el Señor siempre está con ustedes.

El escritor del siglo 19, Ralph Waldo Emerson, una vez observó: “Lo que está delante de nosotros y lo que está detrás es poco importante comparado con lo que reside en nuestro interior”. Ahí vive la fe; es el hogar de la fe; es la fuente del amor que dura por siempre.

Su graduación significará muchas cosas. Pero, más importantemente, significa que ahora todo depende de ustedes. Sigan adelante con Dios como su guía y con su fe, esperanza y amor como su camino por la vida.