Muchos programas de catequesis ya comenzaron sus actividades y otros pronto lo harán en la mayoría de parroquias católicas en los Estados Unidos. Niños, jóvenes, jóvenes adultos y adultos se preparan para regresar a las sesiones en las que aprenderán y reflexionarán sobre su fe.

Así como hablamos de los sacramentos como experiencias esenciales para nutrir nuestra vida espiritual, especialmente la Eucaristía, la catequesis es esencial para nutrir nuestro amor por la fe y por la palabra de Dios.

Al centro de la tarea catequética se encuentran muchas personas de todas las edades que practican su discipulado sirviendo en sus comunidades como catequistas. Todos ellos son discípulos misioneros que entienden la importancia de compartir la fe.

Aunque los catequistas más importantes y esenciales, especialmente para los niños y los jóvenes, son los padres de familia al igual que otros adultos que viven en el hogar, los catequistas en la parroquia y otros espacios amplían y fortalecen esa primera catequesis compartiendo la fe en grupos pequeños.

En muchos casos los catequistas llevan a cabo una tarea remedial pues muchos padres de familia no hacen lo suficiente para compartir los elementos básicos de la fe con los más jóvenes en el hogar.

Si observamos a los catequistas en nuestras parroquias, notamos que no existe un perfil necesariamente definido que limite este ministerio tan importante a un grupo específico de creyentes.

Queremos que los catequistas sean testigos de lo que creen, que hagan lo mejor para ser modelos de la fe por medio de sus acciones y que la compartan con alegría. Sin embargo, estas expectativas aplican prácticamente a todos los bautizados. Todos estamos llamados a ser catequistas.

Cada año encontramos en nuestras comunidades parroquiales un sinnúmero de catequistas que son amas de casa, maestras(os), doctoras(es), enfermeras(os), abogados(as), campesinos(as), administradoras(es), jubilados(as), jóvenes adultos, abuelas(os), guías turísticos, personas que trabajan en hoteles y fábricas, conductores(as), académicos(as), cocineros(as), religiosas(os), sacerdotes, diáconos, parejas casadas, personas solteras, entre muchos otros.

¿Qué tienen todas estas personas en común? ¡Que amamos nuestra fe y nos apasiona compartirla con los demás! La mayoría de nosotros lo hacemos como voluntarios. Esto hace que el pertenecer a una comunidad de fe sea algo muy especial. El Espíritu Santo mueve los corazones de los bautizados, sin importar quiénes somos o dónde vivamos, y nos inspira a construir la Iglesia como catequistas.

Es cierto que hay muchos católicos a quienes nos encanta compartir nuestra fe como catequistas, pero el número no es suficiente. Necesitamos más catequistas. Por eso tenemos la responsabilidad de motivarnos mutuamente para servir de esta manera en nuestras comunidades de fe.

Hay que apreciar más a nuestros catequistas. Nuestras comunidades de fe deben cultivar una cultura permanente de apoyo a los catequistas. He aquí cuatro maneras prácticas de apoyar a este grupo importante de agentes pastorales.

Oremos por nuestros(as) catequistas. Ésta es quizás la manera más fácil y sencilla de apoyarles. Oremos para que reciban sabiduría y para que estén bien. Oremos por sus familias. Oremos por su santidad.

Segundo, acérquese a un(a) catequista en su comunidad y dígale, "Gracias." Hacer esto no cuesta nada. Una palabra de gratitud es siempre la mejor manera de motivar a los demás para que sigan haciendo aquello que les gusta.

Tercero, patrocine ya sea a un(a) catequista o al programa de educación religiosa de su parroquia. Los catequistas son muy generosos con su tiempo y no esperan remuneración alguna.

Sin embargo, todos podemos apoyarles con gratitud. Compre un libro a los catequistas de su comunidad, regáleles un certificado para que compren algo que les guste, contribuya a un fondo común para comprar café o té mientras catequizan. Haga una donación anual o mensual para apoyar sus reuniones y retiros.

Cuarto, apoye la formación continua de sus catequistas. Los catequistas necesitan capacitación permanente. Apoye un programa de formación de catequistas en su parroquia o en su diócesis. Algunos(as) catequistas pueden estar listos(as) para estudiar teología en un seminario o universidad local, y necesitan becas. Todos podemos ayudar.

Hosffman Ospino es profesor de teología y educación religiosa en Boston College