"Sin duda, no son los cascabeles ni coronas navideñas … es el Cristo quien está detrás de todo, la “razón de la estación” como se dice", escribe el obispo O'Connell en su reflexión para el cuarto domingo de Adviento.  Foto del archivo
"Sin duda, no son los cascabeles ni coronas navideñas … es el Cristo quien está detrás de todo, la “razón de la estación” como se dice", escribe el obispo O'Connell en su reflexión para el cuarto domingo de Adviento. Foto del archivo

Las cuatro semanas de Adviento, lo cual termina hoy, son como una foto, una ventanilla pequeña, una vista chiquita a la plenitud de la historia de la salvación.

Los temas de las cuatro semanas pasadas como estén atentos y oren … preparen el camino del Señor … Dios, nuestro Salvador y Mesías está por venir … Emanuel, Dios con nosotros … todos nos advierten al evento primordial de la historia humana: la Palabra se hizo Carne – Jesucristo, el Hijo de Dios e Hijo de María – quien puso su morada entre nosotros, y hemos visto su gloria vez tras vez.

Era como el gran filosofo Anselmo escribió: “sin el Hijo de Dios, nada existe; sin el Hijo de María, nada puede ser redimido”.

Nuestro Santo Padre el papa Benedicto XVI nos enseñó: “Si encendiéramos velas de humanidad seguidamente, dando la esperanza y la alegría a un mundo oscuro, solo podremos encenderlas desde la luz de Dios, Encarnado … desde la luz de Cristo nosotros prendemos la llama de una nueva humanidad, cuidando a los perseguidos, los pobres, los pequeños” de este mundo nuestro.

Ahí está, el mensaje de Adviento y Navidad que debemos seguir: la esperanza, la luz y el amor. Eso es lo que trae la presencia de Jesús en el vientre de María mientras se encuentra con su familia, Elizabet; en el nacimiento humilde de Cristo; de por su vida y a través de la Iglesia que Él estableció.

Este tiempo del año nos presenta a nosotros, como cristianos, una gran oportunidad y una gran realización: desde el principio de la historia humana, El Dios que nos creó ha seguido a sorprendernos mientras nos alcanza en el amor. Y es precisamente en el amor de Dios que encontramos el regalo y la gracia de su Hijo.

El Tiempo Santo de Adviento se ha enfocado en las circunstancias hasta llegar a la primera venida de Jesús en Navidad que alista su llegada a nosotros ahora y al fin del tiempo. El Evangelio según San Lucas en este cuarto domingo de Adviento subraya la importancia y papel central de María en la obra de nuestra salvación. Las Escrituras de por estas cuatro semanas describen la promesa de Dios a David y su cumplimiento en Jesús, conocido como el “Hijo de Dios”. También, nos dicen que la revelación de Dios a través de la venida de Jesús estuvo llena de sorpresas, de que David tendría un linaje largo de descendentes reales culminando con un rey final, Jesucristo.

El Evangelio según San Lucas nos sorprende al decirnos que este Rey nacería a una virgen ordinaria, no por ninguna relación física intima, sino por el Espíritu Santo, y que Jesús sería descendente de David. Esto ocurriría por José, el prometido de María y padre “legal” de su hijo, porque José pertenecía al linaje de David. La historia del Evangelio nos sorprende también al recordarnos que la promesa de Dios se cumplirá no en edificios ni grandes reyes como Solomon, sino que por almas humildes como María, quien confió en la promesa de Dios. Entonces, la revelación del plan de Dios de la salvación de por la historia ha contenido muchas sorpresas.

Desde nuestro punto de vista ahora, unos 2,000 años después de Cristo, las sorpresas que vivimos asumen otro tono. Los eventos de la misma Navidad ya no nos sorprenden, los conocemos muy bien – pero el efecto que tienen en la gente, sí, puede sorprendernos: la historia navideña puede derretir el corazón más duro, puede unir a las personas, puede inspirar a ser más generosos, más buenos, más comprensivos … ¿por qué será?

Sin duda, no son los cascabeles ni coronas navideñas … es el Cristo quien está detrás de todo, la “razón de la estación” como se dice. Que Dios nos alcanzó; que Dios entregó a su único Hijo, nacido a María, criado por José; que su único Hijo dio la vida por nosotros; que su Hijo nos llena; que nuestro bautismo y vida en Cristo y la Iglesia nos hace diferente. Las maneras de que eso ocurre aun sorprenden … y son el asombro de este tiempo del año y duran más allá que el día de Navidad.

Las escrituras finales del Evangelio de Adviento concluyen con el reconocimiento y regocijo de lo que será por siempre: Dios entre nosotros. ¿Habrá una luz más brillante? ¿Esperanza? ¿Amor? Estamos llamados a hacer estas cosas – pero solo pueden pasar si creemos y oímos la Palabra de Dios … y confiamos en ella.

Que el espíritu del SÍ de María esté en cada uno de nosotros para que la presencia de Jesús nunca nos deja. Nada es imposible con Dios Hace falta este tipo de fe y confianza si que Navidad tenga algún sentido más profundo.