La palabra “adviento” viene del término adventus en latín que literalmente significa “llegar a”. Las cuatro semanas del tiempo de Adviento antes de la Navidad crean una temporada única llena de una preparación esperanzadora para nosotros de la comunidad católica cristiana – aunque la plena sociedad suela perderlo por verlo solo como una celebración extendida, temprana de Navidad. Bueno, es cierto que Cristo ya ha venido, y debemos regocijar en su Encarnación cada día de nuestras vidas. Pero Adviento nos brinda tiempo para que nosotros recontamos la historia de la “Esperanza de Israel”. Nos preparamos para conmemorar la venida histórica de Cristo en Belén, su venida a través del misterio cada día de en la Iglesia y los Sacramentos y su venida majestuosa al fin del tiempo.

Nuestra disposición y expectativa como católicos individuales, como creyentes individuales, realmente influyen y modelan la manera en que nuestros hermanos feligreses, con quienes como “comunidades de creyentes”, vemos Adviento y incorporamos su esperanza y energía en nuestras vidas al acercarse la Navidad.

Aunque la pandemia del COVID haya perturbado nuestras vidas cotidianas creando una “distancia” física, si la reconozcamos o no, ¡todavía tenemos un efecto espiritual en los demás! Las imágenes de Isaías, Juan Bautista, y María brillan tan prominentemente en las Escrituras que leemos y escuchamos durante estas pocas semanas veloces. Sea “en persona” en la iglesia o en línea, tenemos que dejar que la Palabra penetre nuestras mentes, corazones y almas. Los himnos que siempre hemos cantado y las oraciones de Misa que rezamos nos enfocan en la fe en Él que ha venido, viene y aun vendrá, nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Todo se centra en Él, todo lo que hacemos y quienes somos como católicos.

Cada día es otro de anticipación por aun otra revelación más profunda y transformadora. Aunque hayamos cantado y escuchado y rezado el mensaje de Adviento muchas veces antes, un pause, unos momentos quietos de oración, y la celebración del Sacramento de Reconciliación ayudan mucho para “hacer nuevo todas las cosas” … de nuevo … aunque Adviento y Navidad sean de la misma edad de la mera Iglesia.

Este año, yo quisiera ofrecer unos pensamientos fundados en la tesorería espiritual riquísima de la Iglesia cada semana de Adviento para la reflexión, meditación, y oración.

 

CUARTA SEMANA DE ADVIENTO: UN TIEMPO DE ENCUENTRO

Del Evangelio del Cuarto Domingo de Adviento:

El Espíritu Santo vendrá sobre ti,
y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra.
Así que al santo niño que va a nacer lo llamarán Hijo de Dios.  Lucas 1:35

“… consideramos la Natividad como el encuentro, el gran encuentro, el histórico encuentro, el decisivo encuentro de Dios con la humanidad. Quien tiene fe, lo sabe: salte, pues, de alegría” (Papa San Pablo VI).

“Y el Hijo Unigénito de Dios, que es el Verbo del Padre, una vez llegada la plenitud del tiempo, se encarnó en un hombre por el hombre y cumplió toda la Economía según su humanidad, siendo nuestro Señor Jesucristo uno y el mismo … El Verbo, en cuanto encarnado, había de unir el fin al principio, el hombre a Dios. Antes de encarnarse se deja sentir entre los justos, otorgándoles el carisma profético … Por los profetas había prometido que lo derramará en los últimos tiempos sobre sus siervos y siervas, para que profeticen. Por eso también descendió sobre el Hijo de Dios hecho Hijo del Hombre, para acostumbrarse a habitar con él en el género humano, a descansar en los hombres y a morar en la criatura de Dios, obrando en ellos la voluntad del Padre y renovándolos de hombre viejo a nuevo en Cristo” (San Ireneo).

"Has oído, Virgen, que concebirás y darás a luz a un hijo; has oído que no será por obra de varón, sino por obra del Espíritu Santo … Se pone entre tus manos el precio de nuestra salvación” (San Bernardo).

“No todas son como María que puedan concebir el Cristo por el Espíritu Santo y dar a luz al Verbo, hay algunas que llevan a Cristo en su vientre, pero no lo han formado todavía... Actúa según la voluntad del Padre para llegar a ser madre de Cristo. Muchas han concebido a Cristo, pero no lo han dado a luz... la que genera la Palabra genera a Cristo” (San Ambrosio).

“La vida es Adviento; la vida se trata de reconocer la venida del Señor … El Señor viene, siempre viene. Mantente alerta a su venida. Cuando tienes oídos para oír y ojos para ver, lo podrás reconocer en cualquier momento de tu vida” (Henri Nouwen).

 

TERCERA SEMANA DE ADVIENTO: UN TIEMPO DE REGOCIJO

De la segunda lectura del Tercer Domingo (Domingo de Gaudete) de Adviento:

Estén siempre alegres, oren sin cesar,
den gracias a Dios en toda situación,
porque esta es su voluntad para ustedes en Cristo Jesús. 1 Tesalonicenses 5:16

Por consiguiente, si tan grande y tan importante Señor, al venir al seno de la Virgen, quiso aparecer en el mundo, despreciado, indigente y pobre, para que los hombres, que eran paupérrimos e indigentes, y que sufrían una indigencia extrema de alimento celestial, se hicieran en Él ricos mediante la posesión del reino de los cielos, saltad de gozo y alegraos muchísimo, colmada de inmenso gozo y alegría espiritual” (Santa Clara de Asís).

“Junto con Cristo, ella recapitula todas las alegrías, vive la perfecta alegría prometida a la Iglesia: “Mater plena sanctae laetitiae” y, con toda razón, sus hijos de la tierra, volviendo los ojos hacia la madre de la esperanza y madre de la gracia, la invocan como causa de su alegría” (Papa San Pablo VI).

"En Navidad Cristo viene a nosotros como un niñito, pequeño e indefenso, con mucha necesidad de todo lo que el amor pueda dar. ¿Estás listo para recibirlo? Antes del nacimiento de Jesús, sus padres pidieron por un simple lugar para vivir, pero no había ninguno. Si Maria y José estuvieran buscando una casa para Jesús, ellos escogerían… ¿Tu corazón y todo lo que posee? Oremos para que podamos recibir a Jesús en Navidad, no en el frío pesebre de un corazón egoísta, sino en un corazón lleno de amor, compasión, alegría y paz, un corazón lleno de amor por uno a otro” (Santa Teresa de Calcuta).

¡Él no decepciona nuestra espera! El Señor no decepciona nunca. Nos hará esperar quizá, nos hará esperar algún momento en la oscuridad para hacer madurar nuestra esperanza, pero nunca decepciona. El Señor siempre viene, siempre está junto a nosotros. … Ha venido en un preciso momento histórico … El Adviento es una llamada incesante a la esperanza” (Papa Francisco).

 

SEGUNDA SEMANA DE ADVIENTO: UN TIEMPO DE ESCUCHA

Del Evangelio del Segundo Domingo de Adviento:

He aquí que yo envío a mi mensajero delante de ti,
a preparar tu camino.
Voz del que clama en el desierto:
“Preparen el camino del Señor,
enderecen sus senderos” (Isaías 40; Marcos 1:2-3).

“Cristo, la luz de las luces, sigue a Juan, la lámpara que lo precede. El Verbo de Dios sigue a la voz en el campo; el novio sigue al amigo del novio, quien prepara a la gente digna para el Señor …” (San Gregorio Nacianceno).

“De este modo, el Adviento es una ocasión para despertar de nuevo en nosotros el sentido verdadero de la espera” (Papa Benedicto XVI).

“Conserva tú también la palabra de Dios, porque son dichosos los que la conservan. Que ella entre hasta lo más íntimo de tu alma, que penetre tus afectos y hasta tus mismas costumbres. Come lo bueno, y tu alma se deleitará como si comiera un alimento sabroso. No te olvides de comer tu pan, no sea que se seque tu corazón; antes bien sacia tu alma con este manjar delicioso” (San Bernardo).

“Juan era la voz, pero el Señor es la Palabra que en el principio ya existía. Juan era una voz provisional; Cristo, desde el principio, es la Palabra eterna” (San Agustín).

“El profeta declara abiertamente que su vaticinio no ha de realizarse en Jerusalén, sino en el desierto… Todo esto se decía porque Dios había de presentarse en el desierto, impracticable e inaccesible desde siempre… aquella voz manda preparar un camino para la Palabra de Dios… para que cuando venga nuestro Dios pueda caminar sin dificultad… con el deseo de que la salvación de Dios llegue a conocimiento de todos los hombres” (San Eusebio de Cesárea).

 

PRIMERA SEMANA DE ADVIENTO: UN TIEMPO DE PREPARACIÓN

Del Evangelio del Primer Domingo de Adviento:

Jesús dijo a sus apóstoles:
¡Estén alerta! ¡Vigilen! Porque ustedes no saben cuándo llegará ese momento. Marcos 13:33

“Ha llegado el Adviento. ¡Qué buen tiempo para remozar el deseo, la añoranza, las ansias sinceras por la venida de Cristo!, ¡por su venida cotidiana a tu alma en la Eucaristía! – ‘Ecce veniet!’ – ¡que está al llegar!, nos anima la Iglesia (San Josemaría Escrivá)”.

“No predicamos solo un advenimiento de Cristo, sino también un segundo, mucho más glorioso que el primero. Porque el primero nos dio un vistazo de su paciencia; pero el segundo trae consigo la corona de un reino divino” (San Cirilo de Jerusalén).

“La Iglesia desea vivamente hacernos comprender que, así como Cristo vino una vez al mundo en la carne, de la misma manera está dispuesto a volver en cualquier momento, para habitar espiritualmente en nuestra alma con la abundancia de sus gracias, si nosotros, por nuestra parte, quitamos todo obstáculo” (San Carlos Borromeo).

“Adviento es sinónimo de esperanza: no es la espera vana de un dios sin rostro, sino la confianza concreta y cierta del regreso de Aquél que ya nos ha visitado” (Papa san Juan Pablo II). 

“El Adviento es un camino hacia Belén. Dejémonos atraer por la luz de Dios hecho hombre” (Papa Francisco).

“El Adviento, este tiempo litúrgico fuerte que estamos comenzando, nos invita a detenernos, en silencio, para captar una presencia. Es una invitación a comprender que los acontecimientos de cada día son gestos que Dios nos dirige, signos de su atención por cada uno de nosotros” (Papa Benedicto XVI).