Después de casi 65 años en esta tierra, estoy convencido que todos los problemas que nos impactan en este mundo se deriven de una sola causa: la falta de “respetar la vida en todas sus etapas, desde la concepción a la muerte natural”.

El aborto, eutanasia, pena de muerte; actos de terror y guerra; más crimen; la violencia y la matanza de inocentes; el abuso doméstico y sexual; las drogas y pandillas; la crisis migratoria; la pobreza y desigualdad; la discriminación e injusticia; el racismo y odio; el colapso familiar; el descuidado del medio ambiente – todas estas cosas son “temas de vida” porque atacan la obligación más básica que cada ser humano tiene: respetar la vida. Pensemos en eso un momento.

De todas estas fallas de respetar la vida, la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos han declarado en su documento “Formando conciencias para ser ciudadanos fieles”,

La amenaza del aborto sigue siendo nuestra máxima prioridad, porque ataca directamente a la vida misma, porque tiene lugar dentro del santuario de la familia y por la cantidad de vidas destruidas. Al mismo tiempo, no podemos descartar o ignorar otras graves amenazas para la vida y la dignidad humanas, como el racismo, la crisis ambiental, la pobreza y la pena de muerte.

Nuestros esfuerzos para proteger a los no nacidos siguen siendo tan importantes como siempre, pues, así como la Corte Suprema puede permitir mayor libertad a las leyes estatales que restringen el aborto, los legisladores estatales han aprobado estatutos no sólo para mantener el aborto legal durante los nueve meses de embarazo, sino también para abrir la puerta al infanticidio. Además, el aborto contamina muchas otras cuestiones importantes al insertarse en la legislación sobre inmigración, atención a los pobres y reforma de la atención médica.

La vida humana es sagrada. La dignidad de la persona humana es la base de una visión moral para la sociedad. Los ataques a las personas inocentes no son nunca moralmente aceptables, en ninguna etapa de la vida ni bajo ninguna condición. En nuestra sociedad, la vida humana está especialmente bajo ataque directo del aborto provocado, que algunos actores políticos caracterizan equivocadamente como una cuestión de "salud de la mujer". Otras amenazas directas a la santidad de la vida humana incluyen la eutanasia y el suicidio asistido (a veces falsamente etiquetados como "muerte con dignidad"), la clonación humana, la fecundación in vitro y la destrucción de embriones humanos para la investigación científica.

La Congregación por la Doctrina de la Fe del Vaticano publicó una carta recién que responde a otro asalto a la vida, la eutanasia y suicidio asistido, en la cual la congregación dice

La eutanasia, por lo tanto, es un acto intrínsecamente malo, en toda ocasión y circunstancia. En el pasado la Iglesia ya ha afirmado de manera definitiva “que la eutanasia es una grave violación de la Ley de Dios, en cuanto eliminación deliberada y moralmente inaceptable de una persona humana. Esta doctrina se fundamenta en la ley natural y en la Palabra de Dios escrita; es transmitida por la Tradición de la Iglesia y enseñada por el Magisterio ordinario y universal. Semejante práctica conlleva, según las circunstancias, la malicia propia del suicidio o del homicidio”. Toda cooperación formal o material inmediata a tal acto es un pecado grave contra la vida humana: “Ninguna autoridad puede legítimamente imponerlo ni permitirlo. Se trata, en efecto, de una violación de la ley divina, de una ofensa a la dignidad de la persona humana, de un crimen contra la vida, de un atentado contra la humanidad”.

Se conoce al mes de octubre como el “Mes de Respeto por la Vida” en la Iglesia Católica en los Estados Unidos. Empezando el fin de semana del 3-4 de octubre, todos los católicos están llamados a celebrar nuestro compromiso eclesial al respeto por la vida en todas sus etapas. Bajo el tema, “Vivir el Evangelio de la Vida”, la Iglesia nos invita a todos nosotros considerar cada manera disponible para defender a cada ser humano.

Creer en Dios como Creador requiere que creemos que Dios sea el autor de la vida, toda la vida, cada vida. No es ninguna conclusión lógica llegar a esa creencia: es la única conclusión y punto. Y si creemos en eso; si esa sea la única conclusión que podemos derivar de nuestra experiencia humana común, ¿cómo podríamos no respetar la vida en todas sus etapas?

Hasta también las personas que no creen en Dios como el Creador tienen que admitir que debemos diferenciarnos por respetar y cuidar la vida, como seres humanos, de todo lo demás que existe en este mundo. La sobrevivencia de la especie humana depende de eso. No es únicamente una convicción religiosa, pero si la es. El respeto por la vida es una convicción profundamente humana, un mandato de la conciencia humana que, cuando se la une a la fe religiosa, se eleva el respeto por la vida al nivel de santidad verdadera a la existencia humana.

No hace falta ser filosofo ni teólogo llegar a esta conclusión. Solo tenemos que abrir los ojos, respirar, levantarnos de la cama en la mañana, oír la voz del otro, tomar la mano de otra persona, amar a otro y vemos que la vida vale la pena vivir como un regalo que debemos apreciar.

Y si uno no puede ver o respirar fácilmente o levantarse de la cama u oír o tomar la mano – por alguna razón solo conocida por Dios nuestro Creado – amar y ser amado todavía es posible y define la razón de nuestra existencia en este mundo.

Dios mismo se hizo hombre en Jesucristo, para tener la experiencia humana de nacer, conocer el amor familiar, crecer, reírse, llorar, tener amigos, sentirse solo, estar entendido por algunos y no otros, sentirse feliz, sentirse triste, entregarse a otros, sufrir por ellos en nombre del amor. Se hizo completamente humano a la vez de ser completamente divino. Y por todo esto, nos demuestra que la vida humana es sagrada, un don de Dios… algo que merece el respeto sin excepción desde la concepción hasta la muerte natural.

Nosotros quienes seguimos a Jesucristo, el Señor de la Vida, no hay otra que respetar la vida en todas sus etapas. No importa la circunstancia ni situación, hacer menos es ser menos humano. Hacer menos significa rechazar a lo que Dios ha creado, rechazar lo que Jesús redimió a través de su propio cuerpo humano, rechazar a lo que el Espíritu Santo ha sostenido. En esta tierra, solo el ser humano puede respetar la vida y comprender plenamente lo que eso significa y requiere.

No tenemos otra opción humana que respetarla de verdad.