Ahora que se haya concluido el Tiempo de Navidad, los católicos entran en un periodo llamado el “Tiempo Ordinario” en la liturgia de la Iglesia. En nuestro lenguaje cotidiano, la palabra “ordinario” describe algo común, ‘cotidiano’, o algo que no tenga ninguna distinción especial ni nada único.

El hecho es que el Tiempo Ordinario ocupa la mayoría de calendario eclesial, unas 34 semanas entre el primer y último domingo del calendario litúrgico. Los Tiempos de Cuaresma y Pascua constituyen, por falta de mejor palabra, una “interrupción” del “Tiempo Ordinario” antes de que vuelvan de nuevo Adviento y Navidad. También hay ciertas fiestas y solemnidades que aparecen en el calendario litúrgico que “interrompen el Tiempo Ordinario” de vez en cuando. La expresión se basa en dos palabras de latín que se refieren a la “orden” de numerar las semanas del año en la “vida ordenada” de la Iglesia, comenzando con el Bautizo del Señor, que se lleva a cabo en un “Primer Domingo del Tiempo Ordinario”, y concluyendo con la fiesta solemne de Jesucristo, Rey del Universo, el “Último Domingo del Tiempo Ordinario”.

Lo que ocurre en la oración oficial de la Iglesia durante el “Tiempo Ordinario” es todo menos ordinario. Difunde la historia a través de Misas, las Escrituras y oraciones de la vida entera del Señor Jesucristo entre las “celebraciones estacionales” de su Encarnación y Nacimiento y su Pasión, Muerte y Resurrección.

El calendario litúrgico de la Iglesia está “ordenado” en tres ciclos de Escrituras los domingos – los años A, B y C (actualmente, estamos en el año del ciclo B para los domingos del 2021) – y dos ciclos de Escrituras entre semana – los años I y II (actualmente, estamos en el año del ciclo I entre semana del 2021). Establecieron este arreglo en las revisiones del calendario litúrgico de la Iglesia después del Segundo Concilio Vaticano. Las iglesias y comunidades católicas que celebran la “forma extraordinaria” de la Misa – conocida como la “Misa tradicional en latín” – mantiene el calendario litúrgico que se usaba antes del 1970.

Las vestimentas usadas por el sacerdote y diácono en Misa durante el “Tiempo Ordinario” son verdes. El color verde representa la esperanza en la Resurrección de Cristo que caracteriza cada día en el “Tiempo Ordinario”. Diferentes colores corresponden a otros tiempos y días y ocasiones celebradas durante el año litúrgico – blanco (a veces oro) para los Tiempos de Navidad y Pascua y en fiestas especiales del Señor, la Santa Madre y santos que no fueron martirios; violeta para Adviento y Cuaresma (se puede llevar rosado para el tercer domingo de estos tiempos) y Misas por los difuntos; rojo para Misas de Domingo de Ramos, la Pasión del Señor, los Apóstoles, los evangelistas u otros santos que fueron martirios. A veces se lleva negro para Misas por los difuntos.

Con todo eso en mente, los católicos deben de aprovechar del “Tiempo Ordinario” para profundizarse en la fe del Señor Jesucristo y su Evangelio, nutrirse con leer y comprender la Palabra de Dios, aumentar y desarrollar sus vidas espirituales y oración y anhelar la conversión personal. El “Tiempo Ordinario” debe ser la oportunidad para avanzar en cuanto poner en acción la fe católica con obras caritativas hacia los demás, demostrar el respeto y protección para la vida humana en todas sus etapas, apoyar el matrimonio y la vida familiar, cuidar al ambiente como nuestra “casa común”, y atestiguar al Señor Jesucristo.

“Si somos lo que debemos ser, prenderemos fuego al mundo entero” (Santa Catalina de Siena).