XXVIII Domingo del Tiempo Ordinario

Hay algo emocionante de tomar un momento para preguntarte, “¿qué estoy haciendo con mi vida?”. Puede que estés leyendo esto y preguntándote esa misma pregunta… cuestionando por qué decidiste gastar tiempo leyendo este blog.

“¿Qué estás haciendo con tu vida?” es algo que Dios nos pregunta en las lecturas del día de hoy. La pregunta no trata de si vas a mirar fútbol luego ni si vas a ir al mall. No. Nos está preguntando, “¿Qué estás haciendo para entrar al Reino de Dios?”. ¡Vaya, que pregunta!

Vemos esto claramente en el Evangelio para domingo. El joven rico se acerca a Jesús y le pregunta, “¿Qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?”. Probablemente este joven se cree (como la mayoría de nosotros solamos hacer), y después de que Jesús le comenta de los mandamientos, yo lo imagino intentando no sonreír al pensar, “perfecto. ¡Ya me gané el cielo porque yo observaba esos mandamientos desde niño! Yo realmente soy una persona recontra santa”. PERO es entonces que Jesús agrega algo más: “Ve y vende lo que tienes, da el dinero a los pobres y así tendrás un tesoro en los cielos. Después, ven y sígueme”.

Deja el dinero. Deja los pecados. Deja todo. Porque no hay nada más rico o satisfaciente que seguirle a Jesús. Dios promete tanto más de vuelta. Jesús dice que ninguna persona que entrega todo lo que tiene, hasta dar la vida, por el Señor que Dios no bendecirá.

Dios puede estar llamando a cada uno de nosotros dejarlo todo (y puede ser que te esté llamando a ser sacerdote o hermana religiosa), pero todos nosotros estamos llamados a poner a Dios primero en la vida. Punto. Puede ser un poco más confuso navegar vivir la fe y dejarlo todo cuando nadie nos explica lo que debemos hacer tal como pasó con el joven rico.

Ahí entra la primera lectura – ¡nos hace falta la sabiduría para navegar esto! Estamos llamados a actuar en el mundo, pero no ser del mundo. En la primera semana de esta semana, el Libro de Sabiduría nos explica sobre lo critico que es que nosotros anhelemos y busquemos la sabiduría. Interesante que las palabras de la lectura no lo dicen totalmente claramente que debemos buscar la sabiduría más que cualquier cosa. Dice, “La preferí a los cetros y a los tronos, y en comparación con ella tuve en nada la riqueza”.

Entonces, ¿dónde debemos buscar por la sabiduría? La segunda lectura nos dirige a las Santas Escrituras. Nos habla de la Palabra de Dios como algo vivo y eficaz.

Leer las Escrituras siempre me intimidaba. Yo siempre esperaba algún momento de “¡Ahhh! ¡Ya lo veo!”, en que los ángeles del cielo bajarían con sus trompetas mientras yo leyera la Biblia. Al contrario, leer las Escrituras suele tener menos música y ser más íntimo. Y cuando tenemos nuestros ojos y oídos fijos en la Palabra de Dios, recibiremos la sabiduría para poder decidir bien las cosas cotidianas que nos afrontan para poder poner a Dios primero y pensar en el Reino.

Lo que Dios nos pide hacer es más simple de lo que hubiéramos pensado. Quiere que nos liberemos de todas las ideas sobre lo que necesitamos, como el dinero o un currículo vital increíble, para alcanzar la felicidad en la vida. La decisión que Dios nos pide tomar es sencilla. Deja de intentar todo solita o solito. Deja de intentar hacer lo que los demás quieren que hagas. Empieza a vivir y enfocarte en su Palabra viva y seguir a Dios por donde eso te puede llevar. Entonces, esta semana y más allá, recuerda quien eres y mantén el Reino en la mente y corazón.