El padre Alindogan, director diocesano de las misiones, con un grupo de niños durante una visita a Tanzanía en el 2019. Foto de cortesía
El padre Alindogan, director diocesano de las misiones, con un grupo de niños durante una visita a Tanzanía en el 2019. Foto de cortesía

Queridos hermanos y hermanas en Cristo,

La Jornada Mundial de las Misiones – la celebración mundial anual Eucarística por las misiones de la Iglesia – será celebrado el 24 de octubre este año. Este día importante en la vida de la Iglesia universal fortifica nuestro conocimiento de nuestro llamado compartido a misionar, entregado a nosotros en el Bautismo.

El mensaje del papa Francisco para la Jornada Mundial de las Misiones abre el tema: “No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído” (Hechos 4:20). El Santo Padre comparte su entusiasmo, recordándonos que, “como cristianos, no podemos poseerlo por nosotros mismos ni imponerlo”, mientras “se celebra cada año el penúltimo domingo de octubre, recordamos agradecidamente a todas esas personas que, con su testimonio de vida, nos ayudan a renovar nuestro compromiso bautismal de ser apóstoles generosos y alegres del Evangelio”. ¡El papa nos invita a hablar de nuestra fe!

La Jornada Mundial de las Misiones nos provee con esa misma oportunidad. Podemos hablar de nuestra fe y responder a nuestro llamado misionero – a través de la oración, la participación en la Eucaristía y la generosidad a la colecta por la Sociedad por la Propagación de la Fe en ese día especial. Sus donaciones apoyan y sostienen a sacerdotes, religiosos y líderes pastorales laicos en más de 1,100 diócesis misioneras de por Asia, África, las Islas Pacíficas y partes de Latinoamérica y Europa mientras ellas proclaman el Evangelio, construyen la Iglesia, sirven a los pobres – y hablan sobre nuestra fe compartida en cada rincón del mundo.

“La situación de la pandemia evidenció y amplificó el dolor, la soledad, la pobreza y las injusticias que ya tantos padecían y puso al descubierto nuestras falsas seguridades y las fragmentaciones y polarizaciones que silenciosamente nos laceran”, nos recuerda el papa Francisco. Este año, mientras el mundo se recupera de las pérdidas y los desafíos que ha vivido, que respondemos con una generosidad recíproca tanto que nos sea posible.

Si no pudiera apoyar a las misiones el año pasado a causa de las dificultades por la pandemia, por favor, considere “un poco más” este año para quienes más lo necesitan. Al reconstruir nuestras vidas, ayúdenos también a servir, en solidaridad y apoyo, a la Iglesia misionera y la obra y testimonio de los misioneros en las misiones del papa.

Con este espíritu, ofrezco mi gratitud personal sincera por su corazón tierno misionero, alcanzando en el amor de por esta Mes de las Misiones.

Respetuosamente suyo en el Señor,

El reverendísimo David M. O'Connell, C.M., J.C.D.
Obispo de Trenton