En el día en que miles de personas se reúnen históricamente para la Marcha por la Vida en Washington, el obispo David M. O’Connell, C.M., recordó a los fieles que ser provida es mucho más que una etiqueta.

Predicó que es una “prioridad preeminente” tal como los “obispos de nuestro país” lo hayan nombrado.

“Hoy, no quiero enfocar el tiempo ni la atención en quienes nos oponen, quienes laboran bajo el manto de ser ‘pro-opción’ o ‘derechos reproductivos’ o ‘libertad reproductiva’ como razones por avanzar una ‘cultura de la muerte’. En lugar de hacer eso, elevemos nuestra causa provida para cultivar y crecer una ‘cultura de la vida’”, dijo el obispo O’Connell durante la Misa de Acción de Gracias a Dios por el Don de la Vida Humana.

La Misa fue pre-grabada en la cancillería diocesana debido a precauciones por la pandemia y asistida por pocos del personal de la Oficina de Vida Pastoral y Misión.

Se la publicó por las fuentes diocesanas digitales el 29 de enero – el día de la Marcha por la Vida anual en Washington. Por primera vez en su historia, se llevará a cabo la marcha de manera virtual por preocupaciones de seguridad y del COVID-19.

En su homilía, el obispo O’Connell predicó que la creación – la vida de cada ser humano – es muy intencional.

“Nuestra creación, nuestras vidas, entonces, no son ninguna equivocación, ningún accidente. Eso es la verdad”, dijo. “Debemos dar las gracias a Dios por esta verdad, por este don de la vida. Dar las gracias a Dios por el don de la vida humana es la disposición humilde, la verdad que nos une hoy en oración. Debe ser nuestra oración cada día”.


Siguió que la decisión de la Corte Suprema del caso de Roe v. Wade que legalizó el aborto representa el opuesto del amor.

“Cualquier país que acepta el aborto no enseña a su pueblo amar sino usar la violencia para alcanzar lo que quieren”, dijo el obispo O’Connell. “Es por eso de que el aborto es el destructor más grande del amor y la paz. … Si no tenemos la paz, es porque hemos olvidado que nos pertenecemos uno al otro”.

Después de la misa, Terry Ginther, canciller diocesano y directora ejecutiva de la Vida Pastoral y Misión, reflexionó sobre porque las personas provida siguen marcando la decisión de Roe v. Wade 48 años después.

“Cada año, me impulsa pensar en el impacto que esta decisión ha tenido en la sociedad”, dijo, explicando que, al participar en la Marcha por la Vida del 2020, vio letreros indicando cuantas vidas se perdieron por el aborto.

“Sesenta millones”, dijo. “Es una generación entera de personas perdida. Entonces, yo sí creo que sea importante tomar tiempo para marcar este aniversario cada año para lamentar la perdida de todos esos niños, pero también para pararnos – como nuestro obispo nos urge hacer – y celebrar el don de la vida, ser la voz que dice, ‘No, la vida no es nada desechable, que la vida es un gran don de Dios’”.