Como “mujer profesional de la Iglesia”, una persona laica que trabaja para la iglesia en la educación religiosa, sentí un cambio sísmico en 2019 con respecto a mi perspectiva sobre nuestros metas al transmitir la fe. El motivo de este sentir fue el estudio impactante y bien reportado de Pew Research publicado en el verano de ese mismo año, que indicaba que muchos católicos no creían ni entendían la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía. 

Teniendo en cuenta lo esencial que es esta creencia para lo que significa ser católico, que la Hostia consagrada no es un mero símbolo, sino que es verdaderamente Cristo - Cuerpo, Sangre, Alma y divinidad- esta noticia comenzó una ola bien fundada de profunda preocupación entre el clero y los fieles laicos

El aspecto positivo de este problema es que despertó en nosotros la comprensión de que había una urgencia especial para garantizar que todos los católicos, especialmente los jóvenes que son el futuro de nuestra Iglesia entendieran que la Eucaristía es nada menos que el corazón mismo de nuestra fe y es real y verdaderamente Cristo, presente en nosotros

Para ser justos, la Santa Eucaristía es un grandioso milagro y un profundo misterio que, como les digo a mis estudiantes, incluso los teólogos más inteligentes y los santos más grandes nunca podrían entender completamente. Se decía que incluso Santo Tomás de Aquino, conocido como el “Doctor Angélico”, quemó su propia gran obra teológica después de un encuentro místico con lo Divino, porque en ese encuentro se dio cuenta de que nada de lo que un ser humano pudiera expresar podría acercarse a tocar el misterio de Dios.

Por supuesto, esto no significa que no dediquemos nuestra mente y espíritu a entender la Eucaristía, sino todo lo contrario; solo significa que siempre hay más conocimientos profundos para alcanzar, más espacio para crecer en la fe.

Una buena manera de entender cómo el ser humano evoluciona y crece en su comprensión de Dios y en su fe la expresa San Gregorio Magno, quien una vez describió la palabra de Dios “como un río, ancho y profundo, en el que tanto el cordero puede caminar, como el elefante nadar”. Sus palabras estaban en mi mente en nuestras recientes prácticas de la primera comunión cuando estaba repasando los conceptos básicos de la Santa Cena con los niños.

Dado que nuestro tiempo de práctica es relativamente corto, tuve que resumirles la Eucaristía de manera muy simple y práctica, de una manera que un niño de 7 años pudiera entender. Les expliqué que en la Hostia milagrosa consagrada está todo el amor, la bondad y la misericordia de Jesús. Todas las hermosas historias bíblicas que han escuchado de Jesús sanando a la gente, perdonando a los pecadores, diciéndoles a sus amigos que se amen unos a otros, todo esto está en la Hostia, porque la Hostia consagrada es verdaderamente Jesús.

Mientras experimentaba la increíble bendición y el privilegio de ver a cada uno de ellos recibir la Comunión por primera vez un par de semanas más tarde, pensé que probablemente hay pocas cosas más hermosas para Dios que tener a sus hijos, sin importar la edad, recibiéndolo con una maravilla infantil y un corazón humilde.

Enseñar bien a los jóvenes es sólo un aspecto para asegurar que todos los fieles entiendan verdaderamente el don de la Eucaristía. Los obispos de los Estados Unidos reconocen esta necesidad entre todos los católicos y han iniciado un avivamiento eucarístico nacional, que comenzará el 19 de junio, la fiesta del Corpus Christi. Este avivamiento se extenderá por tres años, y hay planes en marcha en nuestra propia Diócesis para unirse a este emocionante movimiento, que es esencialmente una oportunidad para que “los católicos de los Estados Unidos [sean] sanados, convertidos, formados y unificados por un encuentro con Jesús en la Eucaristía – y enviado en misión ‘por la vida del mundo”’ (eucharisticrevival.org).

Que los próximos tres años sean un tiempo de conversión para creyentes y no creyentes por igual, mientras abrimos nuestros corazones y mentes a la transformación que solo se puede encontrar a través del gran Amor Divino con el que somos dotados en la Eucaristía.

Para obtener más información sobre el Avivamiento Eucarístico en la Diócesis de Trenton, visite dioceseoftrenton.org/eucharistic-revival.

Jessica Donohue es directora de educación religiosa en la parroquia St. Joan of Arc, Marlton.